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Afrontar la muerte: pautas que facilitan el duelo

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios

Como hemos hablado en artículos anteriores, la muerte de un ser querido suele suponer un momento vital complicado. No te olvides de que el duelo, es la reacción primordialmente emocional, que nos genera la muerte de una persona a la que queremos. Por ello, es normal que sean momentos complicados, en los que pasarás por diferentes estados hasta que consigas, a través de tu propio proceso, ir aceptando que este suceso a ocurrido.

Al expresar aquello que sientes, procesarás mejor el suceso que estás viviendo

Aunque estos momentos no suelen ser sencillos, hay algunas formas de hacer las cosas que pueden ayudarte más que otras. Si eres una persona que está pasando por un duelo es importante que recuerdes:

  1. Tómate el tiempo que necesites para poder procesar la pérdida y los sentimientos que ésta conlleva.
  2. No tomes decisiones precipitadas, ya que son circunstancias muy confusas en las que la claridad mental no suele estar muy presente, lo que te puede llevar a tomar decisiones poco acertadas.
  3. No dudes en pedir ayuda a familiares y amigos cercanos. Son momentos complicados y algunas de tus capacidades están mermadas. No forma parte de un carácter débil o una persona que no tiene ganas, sino que lo más frecuente es que necesites que te echen una mano.
  4. Expresa y comparte con otros familiares o amigos tus emociones. Hay personas que por miedo a parecer débiles o no querer molestar, dejan de expresar lo que sienten. Sin duda, al expresar aquello que sientes procesarás mejor el suceso que estás viviendo. Poderlo compartir con tus seres queridos y que ellos lo hagan contigo, permite que seas consciente de la sensación de apoyo, que te reconfortará en estos momentos complicados.

 

Espero que estas pautas para el duelo sean de gran ayuda para ti. Si te has sentido identificado con el artículo, te interesa saber más sobre duelo o quieres contactar con un psicólogo en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

Afrontar la muerte: momentos de duelo

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios

Si estás viviendo o has vivido una pérdida, sabes que es complicado. Este suceso desemboca en un proceso cuya finalidad es asumir que tu ser querido ha fallecido y todo lo que ello conlleva. Es la pérdida en sentido más amplio, asumir que has perdido a esa persona, las situaciones con ella, las conversaciones, las risas, los enfados, los buenos y los malos momentos.

Es frecuente que tengas una gran sensación de desamparo y dificultad por vivir sin la persona fallecida

En muchas ocasiones, personas que están viviendo estas situaciones consideran que no pueden sobrellevarlo, ya que el dolor que en ellas se vive es muy intenso. Vivir la muerte de una persona querida es una situación emocionalmente complicada de llevar, pero no te olvides de que cuentas con grandes herramientas que te ayudarán a afrontar este proceso.

Probablemente habrás sentido, estarás sintiendo o sentirás alguna de estas emociones:

  1. En los primeros momentos es frecuente que tengas sensación de incredulidad, de no ser consciente de si la pérdida es o no real. Esto ocurre porque nuestro cerebro no es capaz de asumir una noticia tan difícil y con tanta rapidez.
  2. Es muy probable que tengas la sensación de no sentir nada, te cueste concentrarte o estés confundido. Encontrarás momentos dolorosos, por ejemplo, al vivir los ritos funerarios, que te ayudarán a asumir tu pérdida. Hay personas que han fallecido como consecuencia de una larga enfermedad, por lo que es habitual, que además de tristeza, los familiares sientan alivio por el cese de su sufrimiento.
  3. Más adelante suelen aparecer la tristeza y la soledad. Es frecuente que tengas una gran sensación de desamparo y dificultad por vivir sin la persona fallecida. En estos momentos algunas personas también viven emociones como la rabia, la impotencia o el enfado al considerar que no han hecho suficiente o que otros (normalmente servicios médicos) no han hecho todo lo posible. Todas estas reacciones entran dentro de la normalidad, pero no todas son igual de sanas para ti.
  4. Por último y gracias a haber vivido las emociones previas, irás poco a poco aceptando la pérdida de tu ser querido.

Es muy probable que las emociones  de las que hemos hablado no las vivas en el mismo orden o no todas ellas, esto es muy frecuente y no significa que no estés haciendo las cosas bien. Cada persona vive cada duelo a su manera.

 

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¿Quedamos? Lo siento, pero no me da la vida

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios

Muchas personas entienden el dicho El tiempo es oro de forma perjudicial para sus propias vidas. En lugar de valorar, disfrutar y saborear el tiempo, lo estrujan, comprimen y aprietan para que dé tiempo a más. Cuando la realidad es que en estas situaciones más no suele ser mejor. Con respecto al tiempo suele primar la calidad y no la cantidad si esperamos buenos resultados.

La norma fundamental para organizar nuestro tiempo se resume preguntándonos ¿para quién? y ¿para cuándo?

Es frecuente que las personas a las que les ocurre esto tengan muchas tareas por delante a lo largo del día y aun querrían hacer más. Nunca es suficiente. Son esas personas que comentan porqué el día no tendrá 30 horas en lugar de solo 24.

La autoexigencia suele ser frecuente en los problemas de organización del tiempo. Cuando no damos la importancia que se merece a nuestro propio autocuidado en referencia al reloj, además de parecer el conejo de Alicia en el País de las maravillas siempre llegando tarde, cargamos con algunas consecuencias desagradables, como son:

  • Vivir con la sensación de estar siempre desbordados por el día a día, llegando por los pelos a aquello que hay que hacer o no llegando a todo aquello que se quiere hacer.
  • Es fácil que con una actividad tan exigente algunas de nuestras demandas no sean satisfechas, porque es imposible estirar el tiempo como si fuera un chicle.
  • El cansancio es muy frecuente en estas situaciones, debido a las demandas durante todo el día, todos los días.
  • La indecisión suele estar muy presente, suele ir de la mano de la ansiedad. Ya que hay tantas alternativas disponibles y tantas cosas que se quieren realizar, que se trata de buscar la mejor manera de poder hacerlas todas.
  • Suele haber una sensación muy recurrente de hacer lo que no se quiere, ya que se actúa en base a lo que quieren el reloj y la exigencia.

Lo más importante para poder organizar el tiempo es establecer prioridades, ya que sabemos que el tiempo es limitado.

  1. Las primeras cosas que realizaremos serán aquellas urgentes e importantes. Pero no importantes para otras personas, para mi familia, amigos o la sociedad, sino aquello que es importante para MÍ, para la persona que organiza su tiempo. Este detalle es fundamental, porque si no organizaremos el tiempo en base a factores externos.
  2. Después haremos aquello que sea importante para MÍ, pero no tan urgente.
  3. A continuación, llevaremos a cabo aquello que no es importante para MÍ, pero si es urgente.
  4. Por último, lo que ni es importante, ni urgente.

La norma fundamental para organizar nuestro tiempo se resume preguntándonos ¿para quién? y ¿para cuándo?

 

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Ansiedad, ¿una de las pandemias del S. XXI?

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Sabemos que la ansiedad es algo con lo que convivimos, es raro que no escuchemos frecuentemente a alguna persona cercana o a nosotros mismos decir tengo ansiedad, agobio, nervios, angustia o algún otro sinónimo. No sólo es algo que veamos a pie de calle, sino que la Organización Mundial de la Salud afirma que entre el 15 y el 20% de la población sufrirá un trastorno de ansiedad.

La ansiedad es como un vaso que en cualquier momento puede desbordarse, ante cualquier pequeño suceso que se sale fuera de la rutina diaria.

Lo que en ocasiones es más desconocido es que la ansiedad no es mala en sí misma. Es una respuesta con la que contamos, que nos permite responder muy rápido y poniendo a nuestra disposición todos nuestros recursos ante una situación amenazante. El problema surge cuando interpretamos inconscientemente como peligroso algo que no lo es y se dispara esta respuesta poniendo en alerta nuestro cuerpo. Tenemos un exceso de energía, atención, tensión que no es necesaria y que no desaparece, sino que se queda en nuestro cuerpo en forma de tensión muscular, malas digestiones, dolores de estómago o dificultad para dormir. Es decir, esa ansiedad de la que hablamos y que consideramos negativa, es la desadaptativa, la que no consigue ayudarnos en esa situación, sino todo lo contrario.

Hay personas que encadenan estos momentos, lo que les provoca un nivel de ansiedad constante y mantenida muy incómodo. Para ellos la ansiedad es como un vaso que en cualquier momento puede desbordarse, ante cualquier pequeño suceso que se sale fuera de la rutina diaria.

Pero hay pequeños cambios que podemos hacer en nuestro día a día que harán que el vaso no esté a punto de rebosar:

  1. Llevar una vida saludable, dormir, descansar, comer sano, hacer ejercicio y disfrutar de la vida como tareas obligatorias.
  2. Respetar mis propios derechos y hacer que sean respetados marcando límites al resto de personas.
  3. Decir No cuando no quiero algo o no me apetece.
  4. Mirarme y conocer mis deseos, necesidades y aquello que quiero y no quiero tener en mi vida.
  5. No buscar la perfección en todo aquello que hago, sino hacerlo y sentirme satisfecho con ello.
  6. Contar con espacios en nuestro día a día para relajarnos a través de ejercicios de respiración, relajación, Mindfulness…
  7. Organizarme para poder incluir en mis actividades diarias: trabajo, búsqueda de él si no lo tenemos o estudio, relaciones sociales, tiempo de ocio y tiempo para disfrutar de nuestra soledad.
  8. Aprender a aceptar que hay cosas en la vida que se escapan a nuestro control y por ello debemos dejar que pase lo que tenga que pasar.
  9. Atender a nuestras emociones, identificarlas, comprenderlas y permitirlas que nos acompañen y desempeñen su función.
  10. Comprender que nuestros pensamientos no dicen quiénes somos, no nos definen.

 

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¿Superhéroe o cuidador?

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En muchas ocasiones no somos del todo conscientes de la carga que viven a diario los cuidadores de personas dependientes. Solemos pensar en lo que acarrea cuidar a una persona día y noche a nivel físico, el cansancio, o a nivel de tiempo, ya que suele ocupar la mayor parte de la jornada del cuidador. Pero no solemos tener tan presentes las consecuencias que tiene a nivel psicológico para la persona que lleva a cabo esta tarea.

Para poder cuidar de otras personas primero nos tenemos que cuidar a nosotros mismos

Hay muchos casos en los que este papel, tan necesario en las familias y en la sociedad, provoca en la persona que lo desempeña un daño excesivo. El Síndrome del cuidador es una respuesta inadecuada que tienen algunas personas ante la situación de estrés emocional que viven a diario.

Algunas de los síntomas que viven aquellos que lo sufren son:

  • Problemas físicos no aplicables a otras causas, como dolores en músculos y huesos, de cabeza, insomnio o problemas de estómago, entre otros.
  • Cambio en su carácter, perdiendo los nervios con mayor facilidad, estando irritables y en ocasiones pensando en dejar su labor.
  • Disminución del afecto, utilizando la ironía para evadirse de la realidad y distanciándose tanto de la persona que cuidan como de su entorno más cercano.
  • Es habitual el abuso de drogas o fármacos para conseguir paliar los efectos de la situación.
  • O problemas para concentrarse, olvidos que antes no tenían y permanecen en la duda constante de si están o no haciendo las cosas bien.

Como es lógico, vivir toda esta sintomatología es muy duro y aún lo es más mientras se es el cuidador principal de una persona dependiente. Pero no debemos olvidar que para poder cuidar de otras personas primero nos tenemos que cuidar a nosotros mismos. Por ello, algunos de los primeros pasos a dar son:

  • Darse cuenta de que hay un problema.
  • Involucrar a otros cuidadores que ayuden al cuidador principal, que le releven.
  • Hablar de la evolución de la persona dependiente con otras personas u otros cuidadores.
  • No descuidar las comidas, ni las horas de sueño y descanso.
  • Aumentar el tiempo de ocio de forma progresiva es fundamental: dedicando tiempo a actividades de ocio que se realizan individualmente como las que se realizan con otras personas, como quedar con amigos o a actividades colectivas.
  • Si te sientes frustrado, cansado, impotente, háblalo con otras personas, familiares, amigos. No es un defecto, al contrario, es una gran virtud expresar cómo te sientes.

 

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¿Fumas? No, lo estoy dejando

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Probablemente si eres fumador o fumadora alguna vez has pensado o incluso has intentado dejar de fumar. Si has sentido que habías fracasado en tu propósito, que tú no valías para esto o que no podías dejarlo, sigue leyendo.

Si lo has intentado otras veces y no lo has conseguido, no significa que tengas menos capacidad para lograrlo

Es fundamental dejar de fumar cuando uno realmente quiere dejar de fumar. Parece una frase de Perogrullo, pero realmente es lo que sucede. Muchas personas intentan dejar de fumar por presiones familiares, de pareja o de amigos, o por otros motivos que no son realmente suyos. También hay que tener en cuenta que en estos primeros momentos suelen ser frecuentes las situaciones de ambivalencia, ya que la persona piensa que tiene o que le gustaría dejar de fumar, pero realmente no quiere hacerlo. Por lo que lo primero es tener motivos personales para dejarlo.

Una vez que se haya tomado la decisión, es muy importante para alcanzar este objetivo fijar una fecha a partir de la cual no se fumará. Sabemos que la probabilidad de dejar de fumar aumenta si se deja radicalmente, en lugar de hacerlo de manera progresiva.

Es muy importante tener en cuenta que las recaídas, en casi todos los casos, suelen formar parte del proceso. No son un fracaso. Lo importante no es que ocurran, sino cómo se continua a partir de ellas. Las recaídas son útiles en la medida en que te permiten sentir cómo vives ese momento y la motivación que tienes para alcanzar tu meta.

Incluso, si lo has intentado otras veces y no lo has conseguido, no significa que tengas menos capacidad para lograrlo. La motivación se entrena, cuantas más veces lo intentes, más probable es que lo logres. Y la prueba es que sigues aquí, intentándolo.

La búsqueda de recursos internos y externos es clave en este proceso; como por ejemplo hablar con un amigo tuyo que haya dejado de fumar, mantenerte entretenido o buscar la motivación que te ayudó a alcanzar otra meta importante para ti. Otra de las claves es aprender algunas herramientas que te ayuden a mantenerte siendo exfumador. Cómo vivir en lugar de sobrevivir a la frustración, la ansiedad, la tristeza o cualquier otra emoción derivada del proceso y de la vida en general. La asertividad es muy importante en nuestra vida, pero aumenta su valor en estos procesos, ya que saber decir No y respetar tus propios derechos hará que no te sientas presionado por no fumar. Buscar nuevos hábitos saludables que sustituyan el tiempo que dedicabas a fumar son algunas de las mejores estrategias para alcanzar tu objetivo.

Si quieres vivir tu vida sin depender del tabaco, dedicar un poco de tiempo a conseguirlo será un regalo que a largo plazo te harás a ti mismo.

 

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Entonando el ‘mea culpa’

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¿Cuántas veces has sentido culpa y cuántas de ellas ha sido adaptativa?, ¿has sentido alguna vez la culpa como una emoción poco útil, en la que te enrocas, pero no te lleva a buen puerto? Éstas y algunas respuestas más a lo largo de estas líneas.

La culpa es una emoción que cumple una clara función social, por ello la encontramos en la mayoría de culturas. Es una forma de regularnos socialmente, ya que si no estuviera presente actuaríamos a nuestro antojo. Nuestra forma de vivir y nuestros comportamientos agradarían a algunos, pero disgustarían a muchos y herirían a otros.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones

Dependiendo de la cultura se consigue esta regulación social de diferentes formas. Es frecuente que en las culturas occidentales la culpa sea un sentimiento interno. Lo aprendemos a lo largo de la infancia y funciona como un Pepito Grillo recordándonos aquellos actos que hemos realizado y no debemos volver a repetir, ya que consideramos que no están bien. En cambio, en las sociedades orientales se suele gestionar de forma diferente. En lugar de regular la sociedad a través de una emoción interna, lo hacen a través de un sentimiento público, la deshonra, la humillación.

La culpa es una emoción que comenzamos a adquirir en la infancia. Es en esta etapa vital donde aprendemos de nuestro entorno más cercano qué cosas están bien o mal. La forma en la que la culpa es vivida por los padres condicionará cómo el niño o la niña conciben la culpa. Y ello afectará a cómo la vivirá cuando sea adulto.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones. Nos ayudan a entender el mundo y cómo nos desarrollamos en él.

Es fundamental conocer los dos tipos de culpa existentes para ver, que dependiendo cómo sea la culpa, es más o menos útil. La culpa puede ser real o falsa. La primera es la que surge ante un comportamiento equivocado, nos avisa de que hemos hecho algo y no estamos de acuerdo con ello. Si no existiera en estas situaciones nos quedaríamos impasibles después de habernos comportado violentamente, haber agredido, insultado, en definitiva haber dañado a alguien o a algo.

La segunda es la culpa que no nos ayuda a seguir adelante y mejorar. Está basada en un hecho del que no somos responsables, pero aún así nos sentimos culpables. Este sentimiento puede estar tan generalizado que pueden incapacitar a la persona que lo vive. Ya que se sentirá infeliz, desdichado en la mayor parte de momentos de su vida, considerará que tiene la culpa de prácticamente todo lo malo que ocurre a su alrededor. Ésta no es una situación infrecuente y puede deberse a varios motivos: Una rigidez extrema en la infancia, contar con baja autoestima, o haber vivido situaciones traumáticas.

Lo mejor para hacerse cargo de este tipo de culpa es identificarla y trabajarla, ya que de lo contrario genera una gran distorsión de la realidad y de la percepción de uno mismo. En definitiva, genera un gran dolor.

 

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Eh… mmm… Buenos días y bienvenidos al peor rato de mi vida

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Son pocas las personas que disfrutan hablando en público. Para la mayoría supone una situación incómoda presentar proyectos laborales, trabajos en el instituto o la universidad, o hablar ante una gran asamblea. Esta vez vamos a centrarnos en aquellas personas para las que hablar delante de un grupo grande supone un auténtico suplicio, por lo que tienen grandes dificultades para ello.

 

Cuando comienzan a aumentar los nervios porque el momento de la presentación se acerca, la persona que lo sufre comienza a percibirlo. Afecta a diferentes niveles, pero probablemente el cognitivo, aquello que se nos pasa por la cabeza en esos momentos, es el peor. No es capaz de pensar o al menos de hacerlo con claridad. Es muy frecuente olvidar cosas importantes, tener gran dificultad para concentrarse y es muy complicado encontrar la palabra que queremos decir. Por lo que no es la mejor situación para improvisar.

Centrarse en la sintomatología sin más o tratar de evitarla no hará que el problema       desaparezca

Si esto ocurre, no será su mejor momento. No sólo habrá dificultades para pensar o hacer las cosas que se quieren, sino que la atención se fijará en aspectos irrelevantes y perjudiciales en esa situación. Estarán muy pendientes de lo que le ocurre en su cuerpo, de los pensamientos negativos que aparecen y de los errores cometidos. Dada esta situación se presentan diferentes miedos:

  • Lo pasan muy mal por las consecuencias somáticas que les produce la ansiedad, provocándoles aún mayor miedo a sufrir un ataque de pánico.
  • Como piensan que les observan constantemente, temen que los oyentes puedan darse cuenta de la sintomatología ansiosa que están viviendo (sudores, temblores de manos, piernas y voz, ponerse rojos) o de que puedan vomitar, desmayarse…
  • Piensan que nadie les quita ojo y que todo lo que hagan será registrado meticulosamente.
  • Creen que pueden ser maleducados o comportarse de forma ilógica debido al estado ansiógeno en que se encuentran.
  • La crítica externa es uno de los peores temores a que las personas que les escuchan crean que son personas raras, incongruentes, poco interesantes o aburridas.
  • Por último, al tener todos estos pensamientos sobre sí mismos tienen un gran temor a que las personas les rechacen, les aíslen por tener una opinión negativa sobre ellos.

 

Si te ha pasado, te sentirás muy identificado y conocerás tu sintomatología al dedillo. Conocer aquello que nos ocurre es imprescindible para tomar cartas en el asunto y poder vivir estas situaciones de forma más relajada. Pero centrarse en la sintomatología sin más o tratar de evitarla no hará que el problema desaparezca.

Las metas en el camino serán aprender habilidades para hablar en público, probar progresivamente estas habilidades comunicando públicamente y por supuesto conocer perfectamente aquello de lo que vas a hablar.

Si quieres que para ti no suponga un suplicio hablar en público, ¡no dudes en ir a por ello y tratar de cambiarlo!

 

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Espejito, espejito ¿quién me querrá tanto como yo?

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La autoestima es un concepto psicológico, que forma parte de un gran conjunto de términos que empleamos socialmente en nuestro día a día. Son muchas las situaciones en las que la autoestima está presente. La señora que le dice a una vecina, Esta semana no estoy bien, no tengo yo la autoestima como debería. El cliente que le dice al peluquero No, no me hagas un corte moderno, que no he tenido yo nunca mucha autoestima y eso de que me anden mirando no me gusta.

 

Pero ¿qué es la autoestima? Por definición es la diferencia entre lo que percibimos de nosotros mismos, cómo somos y el ideal que tenemos de nosotros mismos de lo que deberíamos ser.

 

Muchos pacientes preguntan de dónde proviene una baja autoestima. ¿Qué aspectos pueden haber influido para gestar el concepto que tenemos de nosotros mismos? Puede provenir de experiencias tempranas tanto en la familia como fuera de ella, que hayan marcado nuestro desarrollo. O de aspectos de nosotros mismos que consideramos que son inmutables, que no pueden cambiar. Son varios los factores que han podido afectar a la génesis de una baja autoestima. Pero lo fundamental es centrar nuestra atención en cómo cambiar esa forma de vernos a nosotros mismos.

Las personas fuertes son aquellas que son capaces de mostrar sus debilidades

Siempre que queremos lograr un cambio es fundamental saber hacia dónde nos dirigimos, cuál es nuestro objetivo. Vamos a ver cuáles son algunas de las características que suelen estar presentes en las personas con buena autoestima:

  • Se sienten bien consigo mismos. Pero no sólo con aquello que les gusta de ellos, sino también con lo que no les gusta y tratan de cambiar.
  • Trabajan y se esfuerzan por alcanzar aquello que quieren en su vida. No se apartan de su camino, mantienen el objetivo en mente y luchan hasta conseguirlo.
  • No les preocupa hablar de aspectos que no dominan como querrían o que no se les dan bien. Tampoco tienen ningún problema en aceptar sus errores cuando se equivocan.
  • Son personas creativas, abiertas a nuevas experiencias, a las que les gusta aprender cosas nuevas, conocer personas nuevas o descubrir nuevos lugares.
  • No le cuesta defender su punto de vista ante cualquier situación, argumentando a favor de aquello que opinan y consideran importante.
  • Son personas autosuficientes, que se valen por sí mismas ante la vida. Esto incluye pedir que les echen una mano cuando lo necesitan. Ya que las personas fuertes son aquéllas que son capaces de mostrar sus debilidades y sus necesidades.

 

Hablamos mucho de la autoestima y de querer tener una buena, ¿pero por qué tanta insistencia? Porque las personas con buena autoestima suelen tener menos emociones desagradables, agresivas y sufren menos depresión, que las que tienen una autoestima baja. Además, son capaces de tolerar mucho mejor el estrés.

 

Éstos son algunos de los motivos para preocuparnos por mejorar nuestra autoestima, ya que será una protección que nos acompañará siempre.

 

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Los prejuicios no nos dejan disfrutar la diversidad

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En situaciones cotidianas surgen choques en nuestra cabeza, que nos hacen plantearnos nuestro modo de comportarnos como sociedad.

Viajando en el metro he visto una situación muy desagradable, pero frecuente. Una persona de las muchas que a diario caminan por los transportes de Madrid estaba pidiendo comida. Después de unas cuantas paradas, un par de personas le han mirado despectivamente y han chismorreado. Decían algo como que le den un trabajo y se levante pronto como yo y verás como no lo hace. A lo que un amigo de la persona que chismorreaba ha añadido, ‘Para qué lo va a hacer, si gana más aquí’.

Porque todos somos esa y esta gente, somos la gente

No concibo cómo las personas somos capaces de prejuzgar tan a la ligera, mirar a la persona que tenemos enfrente por encima del hombro y ponernos nosotros mismos la medalla de ‘Soy mejor que tú’. ¿Por qué hablaremos sin tener idea de las cosas o, lo que es peor aún, de las personas? ¿Es porque nos da tanto miedo la diferencia que la convertimos en defecto para calmarnos?

¿De verdad estamos tan seguros de que no podemos ser una sociedad mejor, que dé cabida a todas las personas? Creo que el primer error es considerar a una persona que me parece diferente, esa gente. Porque todos somos esa y esta gente, somos la gente. Entre todos compartimos diferencias y similitudes. La sociedad y la vida no tendría gracia sin ellas.

Por supuesto no sólo hablamos de la persona que viaja en el metro y la persona que pide allí. Hablamos de mujeres con vagina, agnósticas, personas negras, europeos, mayores, personas con discapacidad, cristianos, gitanas, hombres con vagina, africanos, universitarios, adolescentes, americanos, hombres con pene, asiáticas, personas que no saben leer, musulmanes, mujeres con pene, gitanos … y así hasta llegar a todas las personas que formamos parte de la sociedad.

Hace poco recordaba un corto de Pixar que viene muy al pelo de este tema. Se llama For the birds y en él se ven muy claramente cómo funcionan los prejuicios y las falsas impresiones. Nos da una lección sobre cómo no debemos actuar. Todos ganaríamos mucho más si en lugar de enjuiciar antes de tiempo, nos diéramos un tiempo para conocer a las personas.

 

¿Aún seguimos pensando que no podemos ser una sociedad mejor?

 

Éstas son algunas ideas relacionadas con los prejuicios y nuestra sociedad. Si al leer el artículo te ha surgido alguna duda o quieres contactar con una psicóloga en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

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