Artículos del mes: mayo 2017

Entonando el ‘mea culpa’

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios

¿Cuántas veces has sentido culpa y cuántas de ellas ha sido adaptativa?, ¿has sentido alguna vez la culpa como una emoción poco útil, en la que te enrocas, pero no te lleva a buen puerto? Éstas y algunas respuestas más a lo largo de estas líneas.

La culpa es una emoción que cumple una clara función social, por ello la encontramos en la mayoría de culturas. Es una forma de regularnos socialmente, ya que si no estuviera presente actuaríamos a nuestro antojo. Nuestra forma de vivir y nuestros comportamientos agradarían a algunos, pero disgustarían a muchos y herirían a otros.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones

Dependiendo de la cultura se consigue esta regulación social de diferentes formas. Es frecuente que en las culturas occidentales la culpa sea un sentimiento interno. Lo aprendemos a lo largo de la infancia y funciona como un Pepito Grillo recordándonos aquellos actos que hemos realizado y no debemos volver a repetir, ya que consideramos que no están bien. En cambio, en las sociedades orientales se suele gestionar de forma diferente. En lugar de regular la sociedad a través de una emoción interna, lo hacen a través de un sentimiento público, la deshonra, la humillación.

La culpa es una emoción que comenzamos a adquirir en la infancia. Es en esta etapa vital donde aprendemos de nuestro entorno más cercano qué cosas están bien o mal. La forma en la que la culpa es vivida por los padres condicionará cómo el niño o la niña conciben la culpa. Y ello afectará a cómo la vivirá cuando sea adulto.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones. Nos ayudan a entender el mundo y cómo nos desarrollamos en él.

Es fundamental conocer los dos tipos de culpa existentes para ver, que dependiendo cómo sea la culpa, es más o menos útil. La culpa puede ser real o falsa. La primera es la que surge ante un comportamiento equivocado, nos avisa de que hemos hecho algo y no estamos de acuerdo con ello. Si no existiera en estas situaciones nos quedaríamos impasibles después de habernos comportado violentamente, haber agredido, insultado, en definitiva haber dañado a alguien o a algo.

La segunda es la culpa que no nos ayuda a seguir adelante y mejorar. Está basada en un hecho del que no somos responsables, pero aún así nos sentimos culpables. Este sentimiento puede estar tan generalizado que pueden incapacitar a la persona que lo vive. Ya que se sentirá infeliz, desdichado en la mayor parte de momentos de su vida, considerará que tiene la culpa de prácticamente todo lo malo que ocurre a su alrededor. Ésta no es una situación infrecuente y puede deberse a varios motivos: Una rigidez extrema en la infancia, contar con baja autoestima, o haber vivido situaciones traumáticas.

Lo mejor para hacerse cargo de este tipo de culpa es identificarla y trabajarla, ya que de lo contrario genera una gran distorsión de la realidad y de la percepción de uno mismo. En definitiva, genera un gran dolor.

 

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Eh… mmm… Buenos días y bienvenidos al peor rato de mi vida

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios

Son pocas las personas que disfrutan hablando en público. Para la mayoría supone una situación incómoda presentar proyectos laborales, trabajos en el instituto o la universidad, o hablar ante una gran asamblea. Esta vez vamos a centrarnos en aquellas personas para las que hablar delante de un grupo grande supone un auténtico suplicio, por lo que tienen grandes dificultades para ello.

 

Cuando comienzan a aumentar los nervios porque el momento de la presentación se acerca, la persona que lo sufre comienza a percibirlo. Afecta a diferentes niveles, pero probablemente el cognitivo, aquello que se nos pasa por la cabeza en esos momentos, es el peor. No es capaz de pensar o al menos de hacerlo con claridad. Es muy frecuente olvidar cosas importantes, tener gran dificultad para concentrarse y es muy complicado encontrar la palabra que queremos decir. Por lo que no es la mejor situación para improvisar.

Centrarse en la sintomatología sin más o tratar de evitarla no hará que el problema       desaparezca

Si esto ocurre, no será su mejor momento. No sólo habrá dificultades para pensar o hacer las cosas que se quieren, sino que la atención se fijará en aspectos irrelevantes y perjudiciales en esa situación. Estarán muy pendientes de lo que le ocurre en su cuerpo, de los pensamientos negativos que aparecen y de los errores cometidos. Dada esta situación se presentan diferentes miedos:

  • Lo pasan muy mal por las consecuencias somáticas que les produce la ansiedad, provocándoles aún mayor miedo a sufrir un ataque de pánico.
  • Como piensan que les observan constantemente, temen que los oyentes puedan darse cuenta de la sintomatología ansiosa que están viviendo (sudores, temblores de manos, piernas y voz, ponerse rojos) o de que puedan vomitar, desmayarse…
  • Piensan que nadie les quita ojo y que todo lo que hagan será registrado meticulosamente.
  • Creen que pueden ser maleducados o comportarse de forma ilógica debido al estado ansiógeno en que se encuentran.
  • La crítica externa es uno de los peores temores a que las personas que les escuchan crean que son personas raras, incongruentes, poco interesantes o aburridas.
  • Por último, al tener todos estos pensamientos sobre sí mismos tienen un gran temor a que las personas les rechacen, les aíslen por tener una opinión negativa sobre ellos.

 

Si te ha pasado, te sentirás muy identificado y conocerás tu sintomatología al dedillo. Conocer aquello que nos ocurre es imprescindible para tomar cartas en el asunto y poder vivir estas situaciones de forma más relajada. Pero centrarse en la sintomatología sin más o tratar de evitarla no hará que el problema desaparezca.

Las metas en el camino serán aprender habilidades para hablar en público, probar progresivamente estas habilidades comunicando públicamente y por supuesto conocer perfectamente aquello de lo que vas a hablar.

Si quieres que para ti no suponga un suplicio hablar en público, ¡no dudes en ir a por ello y tratar de cambiarlo!

 

Si al leer el artículo te ha surgido alguna duda o quieres contactar con una psicóloga en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com