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¿Cuándo acudir a terapia de pareja?

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios

La terapia de pareja es un recurso psicológico que os permitirá trabajar aquellos conflictos o problemas que tengáis en vuestra relación y así aumentar vuestro bienestar.

Si echáis la vista atrás y vuestro tiempo o vivencias compartidas como pareja en la actualidad son mínimas o inexistentes, es un buen momento para acudir a terapia

La terapia de pareja se suele llevar a cabo con ambas personas, abordando aquellos problemas que os han traído a consulta. Aunque también se suelen realizar sesiones con uno u otro miembro de la pareja en función de las necesidades del momento. Es habitual al comienzo de la terapia trabajar por separado con cada uno de vosotros, para conoceros y conocer vuestra opinión individual. Y si más adelante hay dificultades en las que sea más beneficioso trabajar con uno solo de vosotros, así se hará.

Algunas de las situaciones por las que es recomendable acudir a terapia de pareja:

  • Si tenéis problemas de comunicación. Ya sea porque os cuesta hablaros sin haceros daño, porque apenas os comunicáis o porque os enfrascáis en discusiones larguísimas que no os llevan a ningún resultado agradable. Algunas de estas situaciones son las más frecuentes en relación a la comunicación, por las que las parejas vienen a terapia.
  • Si tenéis problemas con la gestión de casa o el cuidado de los niños. En ocasiones, se encarga mayoritariamente uno de los dos de estas tareas, lo que genera una gran sobrecarga. También es habitual que los criterios parentales sean distintos y esto genere conflicto entre los padres.
  • Si vuestras actividades o vuestra vida de pareja están cada vez más difuminadas. Muchas veces las personas nos centramos tanto en unas facetas de nuestra vida que podemos descuidar otras. Y si echáis la vista atrás y vuestro tiempo o vivencias compartidas como pareja en la actualidad son mínimas o inexistentes, es un buen momento para acudir a terapia si esto os genera malestar.
  • Si estáis pasando por una crisis. En ocasiones problemas externos o internos, de uno o los dos miembros de la pareja, hacen que la relación se resienta e incluso pueda correr peligro.
  • Si no veis otra posibilidad que romper definitivamente vuestra relación, aunque querríais que continuara de forma saludable y placentera. La terapia puede ser una gran aliada en esta situación.

 

Espero que estas pautas sobre cuándo acudir a terapia por problemas en la pareja sean de gran ayuda para ti. Si te has sentido identificado con el artículo, te interesa saber más sobre pautas de pareja o quieres contactar con un psicólogo en Madrid u online, hazlo llamando al 695306662o enviando un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

6 trucos para solucionar los conflictos de pareja

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Si tienes una relación de pareja, es muy frecuente que tengáis conflictos. Si éstos se dan con mucha frecuencia os generarán un gran desgaste y malestar. Ante estas situaciones es importante que conozcas algunos trucos:

No intentéis resolver el conflicto ‘en caliente’. Es importante que dejéis un tiempo para que la intensidad emocional baje y habléis cuando estéis más calmados.

No tienes porque tener miedo a los conflictos, ya que si los gestionas bien, serán grandes momentos de aprendizaje

  1. Resolved los conflictos solos, sin familia, amigos u otras personas alrededor. Tener espectadores genera que estéis más tensos intentando resolver el conflicto y esto complique que lleguéis a buen puerto.
  2. Tratad de solucionar los problemas de uno en uno. Demasiada información sobre distintos problemas convierte el conflicto en una gran maraña de hilo complicada de desenredar.
  3. Turnaros para ser el que da el primer paso para resolver el conflicto. Piensa en las ocasiones en las que tu has sido el que ha dado el primer paso y cuando lo ha hecho tu pareja, seguro que reconoces lo complicado que es llevarlo a cabo y es facilitador cuando la otra persona lo hace.
  4. No os estanquéis en una lucha de poderes. Si en un conflicto no estás dispuesto a negociar, a flexibilizar y ceder y que tu pareja haga lo mismo, sería muy difícil resolverlo. Ten en mente esta actitud.
  5. Empatiza con lo que tu pareja puede estar sintiendo. Trata de ponerte en su lugar y pensar como te sentirías tú en su situación. Enrocarnos o poneros cabezotas en algún detalle no es la solución. Busca entender a la otra persona y transmitir tus pensamientos y emociones.

No olvides que cada vez que solucionáis un problema desde el respeto, la comunicación y la empatía, la relación mejora, se fortalece y ambos os sentís mejor. No tienes porque tener miedo a los conflictos, ya que si los gestionas bien, serán grandes momentos de aprendizaje.

 

Espero que estas pautas para la mejora en la resolución de conflictos de pareja sean de gran ayuda para ti. Si te has sentido identificado con el artículo, te interesa saber más sobre pautas de pareja o quieres contactar con un psicólogo en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

Problemas en tu día a día: 8 pasos para solucionarlos

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Todos en la vida tenemos problemas, más grandes, más pequeños, más intensos o menos, pero al fin y al cabo problemas. Seguro que en algún momento de tu vida te has visto en alguna situación en la que tenías que tomar una decisión y no has conseguido hacerlo, porque era muy complicado para ti, porque no sabías como hacerlo o incluso porque te has llegado a paralizar. Si te gustaría resolver estas situaciones de otra forma, a continuación, te damos unas pautas que te pueden ayudar.

En la vida pasamos la mayor parte del día tomando decisiones. Para aquellas que se te resistan, seguro que te resultará muy útil esta técnica

1. Piensa si está en tu mano solucionar el problema. Porque hay algunos problemas que son irresolubles y en general suele ser porque no están bien planteados.
2. Piensa quien está implicado en el problema, qué ocurre, dónde, cuándo y cómo ocurre. En definitiva, reflexiona en profundidad sobre el problema.
3. Identifica tu problema en base al siguiente formato ¿Qué puedo hacer yo para…? y a continuación escribe tu problema.
4. Genera todas las respuestas posibles a la pregunta anterior. Sin pensar si son más o menos realizables o ayudan en mayor o menor medida a la situación que estás viviendo.
5. En base a tus objetivos, lo que quieres conseguir en esta situación, valora cada alternativa.
6. Elige aquella o aquellas alternativas que den mejor respuesta a tu problema.
7. ¡Impleméntalas! Tírate a la piscina y llévala(s) a cabo.
8. Por último, no olvides analizar como ha sido tu toma de decisiones, es un paso fundamental. Si ha sido buena, servirá para reforzar tu comportamiento para tomas de decisiones futuras y si no ha salido tan bien como esperabas, te servirá para corregir errores.
En la vida pasamos la mayor parte del día tomando decisiones. Para aquellas que se te resistan, seguro que te resultará muy útil esta técnica.

 

Si te has sentido identificado con el artículo, te interesa saber más sobre la toma de decisiones o quieres contactar con un psicólogo en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

¿Cómo dejar de morderte las uñas?

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El hábito compulsivo de morderse las uñas es algo muy frecuente, todos conocemos personas a nuestro alrededor que lo hacen. Cuando las niñas y niños son pequeños, se les dice que es malo morderse las uñas, pero no solemos ahondar en lo que ello puede conllevar. Si lo tienes, este hábito puede desencadenarte importantes daños en tus uñas, tu boca y tus dientes, entre otras consecuencias.

Es muy importante que analices que te ocurre antes de morderte las uñas, cuál es tu estado emocional y qué puede hacer que te las muerdas

Si te muerdes frecuentemente las uñas, es probable que seas una persona:

  • Muy ansiosa o estresada y sientes que a priori rebajas tu ansiedad gracias a morder tus uñas.
  • Con un gran malestar o conflicto emocional.
  • Que estás viviendo momentos puntuales de estrés o vitales muy estresantes, que desembocan en que hagas esto.
  • Que has sufrido algún suceso traumático o tu entorno es complicado o conflictivo.

Es fundamental que concibas este hábito dándole el peso que se merece, ya que suele comenzar como una ‘tontería’, pero es importante que conozcas los elementos psicológicos que lo pueden estar provocando.

Algunos trucos que te pueden servir para eliminar este hábito son:

  • Lleva a cabo conductas que te impidan morderte las uñas, como hacer hobbies manuales, utilizar guantes, comer caramelos, chicles…
  • Es muy importante que analices qué te ocurre antes de morderte las uñas, cuál es tu estado emocional y qué puede hacer que las muerdas. Y por el contrario, qué consigue que no lo hagas. Estos elementos serán tus grandes aliados.
  • Trata de controlarte cuando surge el impulso de morderte las uñas y no decaigas, si esto no ocurre las primeras veces que te lo propones.
  • Y por último y uno de los más importantes trucos, se consciente de tus avances y celébralos. Si quieres apunta cada día cuantas veces te has mordido las uñas y cuando estas vayan disminuyendo, date un pequeño capricho.

¡Disfruta de tus avances!

 

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Preocupaciones: la lavadora mental

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Las preocupaciones son pensamientos sobre aspectos importantes para nosotros y que están sin resolver, motivo por el que aparecen en nuestra mente, para tratar de solucionarlos.

El problema surge cuando tu mente es como una lavadora llena de pensamientos, que no para de dar y dar vueltas. Es importante que atiendas a tus preocupaciones y veas que ocurre con ellas cuando:

  • Te preocupas por algún peligro que es poco probable o imposible que ocurra.
  • Son muchas las cosas por las que te preocupas, es decir, tu lavadora esta llena de mucha ropa dando vueltas sin parar.
  • La preocupación se mantiene durante tanto tiempo y de forma tan intensa que, para poder dejarla a un lado, tiene que aparecerte otra preocupación más acuciante o intensa, para que la primera pase a un segundo plano.
  • Es muy difícil que dejes de preocuparte o no puedes.
  • Te preocupas por aspectos que nunca llegas a solucionar y siempre son las mismas prendas de ropa las que dan vueltas una y otra vez en tu lavadora.

Lo más frecuente es que cuando las preocupaciones alcanzan cierto grado de intensidad y frecuencia te generen nerviosismo, cansancio, irritabilidad, problemas de sueño o falta de concentración. Si esto se mantiene, pueden llegar a interferirte fuertemente en algunas áreas de tu vida y si permaneces en esta situación, condicionarán tu vida en mayor grado.

El problema surge cuando tu mente es como una lavadora llena de pensamientos, que no paran de dar y dar vueltas

Puede costarte reconocer cuales son las preocupaciones en las que te quedas atascado, pero es justo aquí donde está la piedra angular de las preocupaciones. Es fundamental que identifiques cuales son y dependiendo de sus características, las abordes y las soluciones o aceptes que no puedes solucionarlas.

 

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Afrontar la muerte: pautas que facilitan el duelo

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Como hemos hablado en artículos anteriores, la muerte de un ser querido suele suponer un momento vital complicado. No te olvides de que el duelo, es la reacción primordialmente emocional, que nos genera la muerte de una persona a la que queremos. Por ello, es normal que sean momentos complicados, en los que pasarás por diferentes estados hasta que consigas, a través de tu propio proceso, ir aceptando que este suceso a ocurrido.

Al expresar aquello que sientes, procesarás mejor el suceso que estás viviendo

Aunque estos momentos no suelen ser sencillos, hay algunas formas de hacer las cosas que pueden ayudarte más que otras. Si eres una persona que está pasando por un duelo es importante que recuerdes:

  1. Tómate el tiempo que necesites para poder procesar la pérdida y los sentimientos que ésta conlleva.
  2. No tomes decisiones precipitadas, ya que son circunstancias muy confusas en las que la claridad mental no suele estar muy presente, lo que te puede llevar a tomar decisiones poco acertadas.
  3. No dudes en pedir ayuda a familiares y amigos cercanos. Son momentos complicados y algunas de tus capacidades están mermadas. No forma parte de un carácter débil o una persona que no tiene ganas, sino que lo más frecuente es que necesites que te echen una mano.
  4. Expresa y comparte con otros familiares o amigos tus emociones. Hay personas que por miedo a parecer débiles o no querer molestar, dejan de expresar lo que sienten. Sin duda, al expresar aquello que sientes procesarás mejor el suceso que estás viviendo. Poderlo compartir con tus seres queridos y que ellos lo hagan contigo, permite que seas consciente de la sensación de apoyo, que te reconfortará en estos momentos complicados.

 

Espero que estas pautas para el duelo sean de gran ayuda para ti. Si te has sentido identificado con el artículo, te interesa saber más sobre duelo o quieres contactar con un psicólogo en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

Afrontar la muerte: momentos de duelo

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Si estás viviendo o has vivido una pérdida, sabes que es complicado. Este suceso desemboca en un proceso cuya finalidad es asumir que tu ser querido ha fallecido y todo lo que ello conlleva. Es la pérdida en sentido más amplio, asumir que has perdido a esa persona, las situaciones con ella, las conversaciones, las risas, los enfados, los buenos y los malos momentos.

Es frecuente que tengas una gran sensación de desamparo y dificultad por vivir sin la persona fallecida

En muchas ocasiones, personas que están viviendo estas situaciones consideran que no pueden sobrellevarlo, ya que el dolor que en ellas se vive es muy intenso. Vivir la muerte de una persona querida es una situación emocionalmente complicada de llevar, pero no te olvides de que cuentas con grandes herramientas que te ayudarán a afrontar este proceso.

Probablemente habrás sentido, estarás sintiendo o sentirás alguna de estas emociones:

  1. En los primeros momentos es frecuente que tengas sensación de incredulidad, de no ser consciente de si la pérdida es o no real. Esto ocurre porque nuestro cerebro no es capaz de asumir una noticia tan difícil y con tanta rapidez.
  2. Es muy probable que tengas la sensación de no sentir nada, te cueste concentrarte o estés confundido. Encontrarás momentos dolorosos, por ejemplo, al vivir los ritos funerarios, que te ayudarán a asumir tu pérdida. Hay personas que han fallecido como consecuencia de una larga enfermedad, por lo que es habitual, que además de tristeza, los familiares sientan alivio por el cese de su sufrimiento.
  3. Más adelante suelen aparecer la tristeza y la soledad. Es frecuente que tengas una gran sensación de desamparo y dificultad por vivir sin la persona fallecida. En estos momentos algunas personas también viven emociones como la rabia, la impotencia o el enfado al considerar que no han hecho suficiente o que otros (normalmente servicios médicos) no han hecho todo lo posible. Todas estas reacciones entran dentro de la normalidad, pero no todas son igual de sanas para ti.
  4. Por último y gracias a haber vivido las emociones previas, irás poco a poco aceptando la pérdida de tu ser querido.

Es muy probable que las emociones  de las que hemos hablado no las vivas en el mismo orden o no todas ellas, esto es muy frecuente y no significa que no estés haciendo las cosas bien. Cada persona vive cada duelo a su manera.

 

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¿Quedamos? Lo siento, pero no me da la vida

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Muchas personas entienden el dicho El tiempo es oro de forma perjudicial para sus propias vidas. En lugar de valorar, disfrutar y saborear el tiempo, lo estrujan, comprimen y aprietan para que dé tiempo a más. Cuando la realidad es que en estas situaciones más no suele ser mejor. Con respecto al tiempo suele primar la calidad y no la cantidad si esperamos buenos resultados.

La norma fundamental para organizar nuestro tiempo se resume preguntándonos ¿para quién? y ¿para cuándo?

Es frecuente que las personas a las que les ocurre esto tengan muchas tareas por delante a lo largo del día y aun querrían hacer más. Nunca es suficiente. Son esas personas que comentan porqué el día no tendrá 30 horas en lugar de solo 24.

La autoexigencia suele ser frecuente en los problemas de organización del tiempo. Cuando no damos la importancia que se merece a nuestro propio autocuidado en referencia al reloj, además de parecer el conejo de Alicia en el País de las maravillas siempre llegando tarde, cargamos con algunas consecuencias desagradables, como son:

  • Vivir con la sensación de estar siempre desbordados por el día a día, llegando por los pelos a aquello que hay que hacer o no llegando a todo aquello que se quiere hacer.
  • Es fácil que con una actividad tan exigente algunas de nuestras demandas no sean satisfechas, porque es imposible estirar el tiempo como si fuera un chicle.
  • El cansancio es muy frecuente en estas situaciones, debido a las demandas durante todo el día, todos los días.
  • La indecisión suele estar muy presente, suele ir de la mano de la ansiedad. Ya que hay tantas alternativas disponibles y tantas cosas que se quieren realizar, que se trata de buscar la mejor manera de poder hacerlas todas.
  • Suele haber una sensación muy recurrente de hacer lo que no se quiere, ya que se actúa en base a lo que quieren el reloj y la exigencia.

Lo más importante para poder organizar el tiempo es establecer prioridades, ya que sabemos que el tiempo es limitado.

  1. Las primeras cosas que realizaremos serán aquellas urgentes e importantes. Pero no importantes para otras personas, para mi familia, amigos o la sociedad, sino aquello que es importante para MÍ, para la persona que organiza su tiempo. Este detalle es fundamental, porque si no organizaremos el tiempo en base a factores externos.
  2. Después haremos aquello que sea importante para MÍ, pero no tan urgente.
  3. A continuación, llevaremos a cabo aquello que no es importante para MÍ, pero si es urgente.
  4. Por último, lo que ni es importante, ni urgente.

La norma fundamental para organizar nuestro tiempo se resume preguntándonos ¿para quién? y ¿para cuándo?

 

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Ansiedad, ¿una de las pandemias del S. XXI?

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Sabemos que la ansiedad es algo con lo que convivimos, es raro que no escuchemos frecuentemente a alguna persona cercana o a nosotros mismos decir tengo ansiedad, agobio, nervios, angustia o algún otro sinónimo. No sólo es algo que veamos a pie de calle, sino que la Organización Mundial de la Salud afirma que entre el 15 y el 20% de la población sufrirá un trastorno de ansiedad.

La ansiedad es como un vaso que en cualquier momento puede desbordarse, ante cualquier pequeño suceso que se sale fuera de la rutina diaria.

Lo que en ocasiones es más desconocido es que la ansiedad no es mala en sí misma. Es una respuesta con la que contamos, que nos permite responder muy rápido y poniendo a nuestra disposición todos nuestros recursos ante una situación amenazante. El problema surge cuando interpretamos inconscientemente como peligroso algo que no lo es y se dispara esta respuesta poniendo en alerta nuestro cuerpo. Tenemos un exceso de energía, atención, tensión que no es necesaria y que no desaparece, sino que se queda en nuestro cuerpo en forma de tensión muscular, malas digestiones, dolores de estómago o dificultad para dormir. Es decir, esa ansiedad de la que hablamos y que consideramos negativa, es la desadaptativa, la que no consigue ayudarnos en esa situación, sino todo lo contrario.

Hay personas que encadenan estos momentos, lo que les provoca un nivel de ansiedad constante y mantenida muy incómodo. Para ellos la ansiedad es como un vaso que en cualquier momento puede desbordarse, ante cualquier pequeño suceso que se sale fuera de la rutina diaria.

Pero hay pequeños cambios que podemos hacer en nuestro día a día que harán que el vaso no esté a punto de rebosar:

  1. Llevar una vida saludable, dormir, descansar, comer sano, hacer ejercicio y disfrutar de la vida como tareas obligatorias.
  2. Respetar mis propios derechos y hacer que sean respetados marcando límites al resto de personas.
  3. Decir No cuando no quiero algo o no me apetece.
  4. Mirarme y conocer mis deseos, necesidades y aquello que quiero y no quiero tener en mi vida.
  5. No buscar la perfección en todo aquello que hago, sino hacerlo y sentirme satisfecho con ello.
  6. Contar con espacios en nuestro día a día para relajarnos a través de ejercicios de respiración, relajación, Mindfulness…
  7. Organizarme para poder incluir en mis actividades diarias: trabajo, búsqueda de él si no lo tenemos o estudio, relaciones sociales, tiempo de ocio y tiempo para disfrutar de nuestra soledad.
  8. Aprender a aceptar que hay cosas en la vida que se escapan a nuestro control y por ello debemos dejar que pase lo que tenga que pasar.
  9. Atender a nuestras emociones, identificarlas, comprenderlas y permitirlas que nos acompañen y desempeñen su función.
  10. Comprender que nuestros pensamientos no dicen quiénes somos, no nos definen.

 

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¿Superhéroe o cuidador?

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En muchas ocasiones no somos del todo conscientes de la carga que viven a diario los cuidadores de personas dependientes. Solemos pensar en lo que acarrea cuidar a una persona día y noche a nivel físico, el cansancio, o a nivel de tiempo, ya que suele ocupar la mayor parte de la jornada del cuidador. Pero no solemos tener tan presentes las consecuencias que tiene a nivel psicológico para la persona que lleva a cabo esta tarea.

Para poder cuidar de otras personas primero nos tenemos que cuidar a nosotros mismos

Hay muchos casos en los que este papel, tan necesario en las familias y en la sociedad, provoca en la persona que lo desempeña un daño excesivo. El Síndrome del cuidador es una respuesta inadecuada que tienen algunas personas ante la situación de estrés emocional que viven a diario.

Algunas de los síntomas que viven aquellos que lo sufren son:

  • Problemas físicos no aplicables a otras causas, como dolores en músculos y huesos, de cabeza, insomnio o problemas de estómago, entre otros.
  • Cambio en su carácter, perdiendo los nervios con mayor facilidad, estando irritables y en ocasiones pensando en dejar su labor.
  • Disminución del afecto, utilizando la ironía para evadirse de la realidad y distanciándose tanto de la persona que cuidan como de su entorno más cercano.
  • Es habitual el abuso de drogas o fármacos para conseguir paliar los efectos de la situación.
  • O problemas para concentrarse, olvidos que antes no tenían y permanecen en la duda constante de si están o no haciendo las cosas bien.

Como es lógico, vivir toda esta sintomatología es muy duro y aún lo es más mientras se es el cuidador principal de una persona dependiente. Pero no debemos olvidar que para poder cuidar de otras personas primero nos tenemos que cuidar a nosotros mismos. Por ello, algunos de los primeros pasos a dar son:

  • Darse cuenta de que hay un problema.
  • Involucrar a otros cuidadores que ayuden al cuidador principal, que le releven.
  • Hablar de la evolución de la persona dependiente con otras personas u otros cuidadores.
  • No descuidar las comidas, ni las horas de sueño y descanso.
  • Aumentar el tiempo de ocio de forma progresiva es fundamental: dedicando tiempo a actividades de ocio que se realizan individualmente como las que se realizan con otras personas, como quedar con amigos o a actividades colectivas.
  • Si te sientes frustrado, cansado, impotente, háblalo con otras personas, familiares, amigos. No es un defecto, al contrario, es una gran virtud expresar cómo te sientes.

 

Si te has sentido identificado con el artículo, te interesa saber más sobre el cuidado de los cuidadores o quieres contactar con una psicóloga en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

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