¿Los micromachismos tienen que ver con la violencia de género?

Micromachismos

¿Los micromachismos tienen que ver con la violencia de género?

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios
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No sólo están relacionados, sino que los micromachismos los encontramos en la base de la violencia de género. Son la representación más sutil de un modelo que desde hace muchos años rige nuestra sociedad. Por ello no debemos quitarle importancia, tildarlos de ‘bobadas’ o decir que son sutilezas o bromas que no van a ninguna parte. Son como las raíces más finas de un árbol, parecen insignificantes de una en una, pero todas ellas conforman lo que el árbol es y gracias a ellas el árbol se alimenta, sobrevive.

Gracias a iniciativas como el corto de Leticia Dolera A mí también, podemos ser más conscientes de la realidad que vivimos las mujeres día a día por ser mujeres. En este trabajo encontramos algunos de los micromachismos más representativos, tan generalizados que podríamos rebautizar como macromachismos por su gran presencia social. Uno de los más conocidos es la brecha salarial, las mujeres cobramos menos por el hecho de serlo o accedemos a puestos de menor responsabilidad.

Las mujeres que han decidido no tener hijos serán vistas socialmente como mujeres desnatadas.

Sin duda uno de los más generalizados y también por ello más normalizado es el aspecto físico. Nuestro aspecto se pone en la balanza para obtener una opinión global de nosotras, ya sea en el ámbito laboral o en general. Esto desemboca en que el aspecto físico tenga un gran peso en la opinión que tenemos de nosotras mismas. Otro de los micromachismos que vivimos es la invasión de nuestro espacio físico mediante susurros al oído de desconocidos, roces en el transporte público, miradas por llevar puesto un tipo de ropa o llevar más o menos cantidad de ella. Destacar uno más que existe entre otros muchos y es el de que la decisión de ser madre sea algo público. Se da por hecho que las mujeres tienen que ser madres. Aquéllas que no lo son será porque no pueden o las que han decidido no serlo serán vistas socialmente como mujeres desnatadas.

Todos ellos, de uno en uno, pueden ser mal etiquetados como ‘bobadas’, pero es fundamental conseguir verlos en conjunto: empatizar con cómo una mujer, sólo por el hecho de serlo, puede sentirse en un día normal. Así, entenderemos la inmensa telaraña que conforman estas microacciones y cómo fomentan la desigualdad social.

Esto no tiene que ser una lucha de bandos, porque no lo es. Con este modelo social las mujeres somos las más perjudicadas, pero no las únicas. Si poco a poco no se fueran cambiando comportamientos, los hombres no podrían hablar, exteriorizar o expresar emociones, mostrar fragilidad, sentir miedo, tener dudas, gustarles cosas de chicas, no ser conflictivos y muchas otras formas de actuar. Gracias a muchas personas que luchan día a día para que esto no ocurra, nuestra sociedad está cambiando. Según muchas personas afirman, esta diferenciación por sexo ya no ocurre y vivimos en una sociedad igualitaria. ¿Es realmente esto así? Si alguna vez has vivido o has presenciado alguno de estos comportamientos etiquetándolos como femeninos o masculinos sabes que vivimos en una sociedad aún sesgada por ello.

 

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Carmen Espinosa Pintos

Carmen Espinosa Pintos

Psicóloga en Madrid

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