Entonando el ‘mea culpa’

Entonando el ‘mea culpa’

Carmen Espinosa Pintos No hay comentarios
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¿Cuántas veces has sentido culpa y cuántas de ellas ha sido adaptativa?, ¿has sentido alguna vez la culpa como una emoción poco útil, en la que te enrocas, pero no te lleva a buen puerto? Éstas y algunas respuestas más a lo largo de estas líneas.

La culpa es una emoción que cumple una clara función social, por ello la encontramos en la mayoría de culturas. Es una forma de regularnos socialmente, ya que si no estuviera presente actuaríamos a nuestro antojo. Nuestra forma de vivir y nuestros comportamientos agradarían a algunos, pero disgustarían a muchos y herirían a otros.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones

Dependiendo de la cultura se consigue esta regulación social de diferentes formas. Es frecuente que en las culturas occidentales la culpa sea un sentimiento interno. Lo aprendemos a lo largo de la infancia y funciona como un Pepito Grillo recordándonos aquellos actos que hemos realizado y no debemos volver a repetir, ya que consideramos que no están bien. En cambio, en las sociedades orientales se suele gestionar de forma diferente. En lugar de regular la sociedad a través de una emoción interna, lo hacen a través de un sentimiento público, la deshonra, la humillación.

La culpa es una emoción que comenzamos a adquirir en la infancia. Es en esta etapa vital donde aprendemos de nuestro entorno más cercano qué cosas están bien o mal. La forma en la que la culpa es vivida por los padres condicionará cómo el niño o la niña conciben la culpa. Y ello afectará a cómo la vivirá cuando sea adulto.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones. Nos ayudan a entender el mundo y cómo nos desarrollamos en él.

Es fundamental conocer los dos tipos de culpa existentes para ver, que dependiendo cómo sea la culpa, es más o menos útil. La culpa puede ser real o falsa. La primera es la que surge ante un comportamiento equivocado, nos avisa de que hemos hecho algo y no estamos de acuerdo con ello. Si no existiera en estas situaciones nos quedaríamos impasibles después de habernos comportado violentamente, haber agredido, insultado, en definitiva haber dañado a alguien o a algo.

La segunda es la culpa que no nos ayuda a seguir adelante y mejorar. Está basada en un hecho del que no somos responsables, pero aún así nos sentimos culpables. Este sentimiento puede estar tan generalizado que pueden incapacitar a la persona que lo vive. Ya que se sentirá infeliz, desdichado en la mayor parte de momentos de su vida, considerará que tiene la culpa de prácticamente todo lo malo que ocurre a su alrededor. Ésta no es una situación infrecuente y puede deberse a varios motivos: Una rigidez extrema en la infancia, contar con baja autoestima, o haber vivido situaciones traumáticas.

Lo mejor para hacerse cargo de este tipo de culpa es identificarla y trabajarla, ya que de lo contrario genera una gran distorsión de la realidad y de la percepción de uno mismo. En definitiva, genera un gran dolor.

 

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Carmen Espinosa Pintos

Carmen Espinosa Pintos

Psicóloga en Madrid

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