¿Superhéroe o cuidador?

¿Superhéroe o cuidador?

Carmen Espinosa Pintos No Comments

En muchas ocasiones no somos del todo conscientes de la carga que viven a diario los cuidadores de personas dependientes. Solemos pensar en lo que acarrea cuidar a una persona día y noche a nivel físico, el cansancio, o a nivel de tiempo, ya que suele ocupar la mayor parte de la jornada del cuidador. Pero no solemos tener tan presentes las consecuencias que tiene a nivel psicológico para la persona que lleva a cabo esta tarea.

Para poder cuidar de otras personas primero nos tenemos que cuidar a nosotros mismos

Hay muchos casos en los que este papel, tan necesario en las familias y en la sociedad, provoca en la persona que lo desempeña un daño excesivo. El Síndrome del cuidador es una respuesta inadecuada que tienen algunas personas ante la situación de estrés emocional que viven a diario.

Algunas de los síntomas que viven aquellos que lo sufren son:

  • Problemas físicos no aplicables a otras causas, como dolores en músculos y huesos, de cabeza, insomnio o problemas de estómago, entre otros.
  • Cambio en su carácter, perdiendo los nervios con mayor facilidad, estando irritables y en ocasiones pensando en dejar su labor.
  • Disminución del afecto, utilizando la ironía para evadirse de la realidad y distanciándose tanto de la persona que cuidan como de su entorno más cercano.
  • Es habitual el abuso de drogas o fármacos para conseguir paliar los efectos de la situación.
  • O problemas para concentrarse, olvidos que antes no tenían y permanecen en la duda constante de si están o no haciendo las cosas bien.

Como es lógico, vivir toda esta sintomatología es muy duro y aún lo es más mientras se es el cuidador principal de una persona dependiente. Pero no debemos olvidar que para poder cuidar de otras personas primero nos tenemos que cuidar a nosotros mismos. Por ello, algunos de los primeros pasos a dar son:

  • Darse cuenta de que hay un problema.
  • Involucrar a otros cuidadores que ayuden al cuidador principal, que le releven.
  • Hablar de la evolución de la persona dependiente con otras personas u otros cuidadores.
  • No descuidar las comidas, ni las horas de sueño y descanso.
  • Aumentar el tiempo de ocio de forma progresiva es fundamental: dedicando tiempo a actividades de ocio que se realizan individualmente como las que se realizan con otras personas, como quedar con amigos o a actividades colectivas.
  • Si te sientes frustrado, cansado, impotente, háblalo con otras personas, familiares, amigos. No es un defecto, al contrario, es una gran virtud expresar cómo te sientes.

 

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¿Fumas? No, lo estoy dejando

Carmen Espinosa Pintos No Comments

Probablemente si eres fumador o fumadora alguna vez has pensado o incluso has intentado dejar de fumar. Si has sentido que habías fracasado en tu propósito, que tú no valías para esto o que no podías dejarlo, sigue leyendo.

Si lo has intentado otras veces y no lo has conseguido, no significa que tengas menos capacidad para lograrlo

Es fundamental dejar de fumar cuando uno realmente quiere dejar de fumar. Parece una frase de Perogrullo, pero realmente es lo que sucede. Muchas personas intentan dejar de fumar por presiones familiares, de pareja o de amigos, o por otros motivos que no son realmente suyos. También hay que tener en cuenta que en estos primeros momentos suelen ser frecuentes las situaciones de ambivalencia, ya que la persona piensa que tiene o que le gustaría dejar de fumar, pero realmente no quiere hacerlo. Por lo que lo primero es tener motivos personales para dejarlo.

Una vez que se haya tomado la decisión, es muy importante para alcanzar este objetivo fijar una fecha a partir de la cual no se fumará. Sabemos que la probabilidad de dejar de fumar aumenta si se deja radicalmente, en lugar de hacerlo de manera progresiva.

Es muy importante tener en cuenta que las recaídas, en casi todos los casos, suelen formar parte del proceso. No son un fracaso. Lo importante no es que ocurran, sino cómo se continua a partir de ellas. Las recaídas son útiles en la medida en que te permiten sentir cómo vives ese momento y la motivación que tienes para alcanzar tu meta.

Incluso, si lo has intentado otras veces y no lo has conseguido, no significa que tengas menos capacidad para lograrlo. La motivación se entrena, cuantas más veces lo intentes, más probable es que lo logres. Y la prueba es que sigues aquí, intentándolo.

La búsqueda de recursos internos y externos es clave en este proceso; como por ejemplo hablar con un amigo tuyo que haya dejado de fumar, mantenerte entretenido o buscar la motivación que te ayudó a alcanzar otra meta importante para ti. Otra de las claves es aprender algunas herramientas que te ayuden a mantenerte siendo exfumador. Cómo vivir en lugar de sobrevivir a la frustración, la ansiedad, la tristeza o cualquier otra emoción derivada del proceso y de la vida en general. La asertividad es muy importante en nuestra vida, pero aumenta su valor en estos procesos, ya que saber decir No y respetar tus propios derechos hará que no te sientas presionado por no fumar. Buscar nuevos hábitos saludables que sustituyan el tiempo que dedicabas a fumar son algunas de las mejores estrategias para alcanzar tu objetivo.

Si quieres vivir tu vida sin depender del tabaco, dedicar un poco de tiempo a conseguirlo será un regalo que a largo plazo te harás a ti mismo.

 

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Entonando el ‘mea culpa’

Carmen Espinosa Pintos No Comments

¿Cuántas veces has sentido culpa y cuántas de ellas ha sido adaptativa?, ¿has sentido alguna vez la culpa como una emoción poco útil, en la que te enrocas, pero no te lleva a buen puerto? Éstas y algunas respuestas más a lo largo de estas líneas.

La culpa es una emoción que cumple una clara función social, por ello la encontramos en la mayoría de culturas. Es una forma de regularnos socialmente, ya que si no estuviera presente actuaríamos a nuestro antojo. Nuestra forma de vivir y nuestros comportamientos agradarían a algunos, pero disgustarían a muchos y herirían a otros.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones

Dependiendo de la cultura se consigue esta regulación social de diferentes formas. Es frecuente que en las culturas occidentales la culpa sea un sentimiento interno. Lo aprendemos a lo largo de la infancia y funciona como un Pepito Grillo recordándonos aquellos actos que hemos realizado y no debemos volver a repetir, ya que consideramos que no están bien. En cambio, en las sociedades orientales se suele gestionar de forma diferente. En lugar de regular la sociedad a través de una emoción interna, lo hacen a través de un sentimiento público, la deshonra, la humillación.

La culpa es una emoción que comenzamos a adquirir en la infancia. Es en esta etapa vital donde aprendemos de nuestro entorno más cercano qué cosas están bien o mal. La forma en la que la culpa es vivida por los padres condicionará cómo el niño o la niña conciben la culpa. Y ello afectará a cómo la vivirá cuando sea adulto.

La culpa no es buena ni mala en sí misma, es funcional como lo son el resto de emociones. Nos ayudan a entender el mundo y cómo nos desarrollamos en él.

Es fundamental conocer los dos tipos de culpa existentes para ver, que dependiendo cómo sea la culpa, es más o menos útil. La culpa puede ser real o falsa. La primera es la que surge ante un comportamiento equivocado, nos avisa de que hemos hecho algo y no estamos de acuerdo con ello. Si no existiera en estas situaciones nos quedaríamos impasibles después de habernos comportado violentamente, haber agredido, insultado, en definitiva haber dañado a alguien o a algo.

La segunda es la culpa que no nos ayuda a seguir adelante y mejorar. Está basada en un hecho del que no somos responsables, pero aún así nos sentimos culpables. Este sentimiento puede estar tan generalizado que pueden incapacitar a la persona que lo vive. Ya que se sentirá infeliz, desdichado en la mayor parte de momentos de su vida, considerará que tiene la culpa de prácticamente todo lo malo que ocurre a su alrededor. Ésta no es una situación infrecuente y puede deberse a varios motivos: Una rigidez extrema en la infancia, contar con baja autoestima, o haber vivido situaciones traumáticas.

Lo mejor para hacerse cargo de este tipo de culpa es identificarla y trabajarla, ya que de lo contrario genera una gran distorsión de la realidad y de la percepción de uno mismo. En definitiva, genera un gran dolor.

 

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Eh… mmm… Buenos días y bienvenidos al peor rato de mi vida

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Son pocas las personas que disfrutan hablando en público. Para la mayoría supone una situación incómoda presentar proyectos laborales, trabajos en el instituto o la universidad, o hablar ante una gran asamblea. Esta vez vamos a centrarnos en aquellas personas para las que hablar delante de un grupo grande supone un auténtico suplicio, por lo que tienen grandes dificultades para ello.

 

Cuando comienzan a aumentar los nervios porque el momento de la presentación se acerca, la persona que lo sufre comienza a percibirlo. Afecta a diferentes niveles, pero probablemente el cognitivo, aquello que se nos pasa por la cabeza en esos momentos, es el peor. No es capaz de pensar o al menos de hacerlo con claridad. Es muy frecuente olvidar cosas importantes, tener gran dificultad para concentrarse y es muy complicado encontrar la palabra que queremos decir. Por lo que no es la mejor situación para improvisar.

Centrarse en la sintomatología sin más o tratar de evitarla no hará que el problema       desaparezca

Si esto ocurre, no será su mejor momento. No sólo habrá dificultades para pensar o hacer las cosas que se quieren, sino que la atención se fijará en aspectos irrelevantes y perjudiciales en esa situación. Estarán muy pendientes de lo que le ocurre en su cuerpo, de los pensamientos negativos que aparecen y de los errores cometidos. Dada esta situación se presentan diferentes miedos:

  • Lo pasan muy mal por las consecuencias somáticas que les produce la ansiedad, provocándoles aún mayor miedo a sufrir un ataque de pánico.
  • Como piensan que les observan constantemente, temen que los oyentes puedan darse cuenta de la sintomatología ansiosa que están viviendo (sudores, temblores de manos, piernas y voz, ponerse rojos) o de que puedan vomitar, desmayarse…
  • Piensan que nadie les quita ojo y que todo lo que hagan será registrado meticulosamente.
  • Creen que pueden ser maleducados o comportarse de forma ilógica debido al estado ansiógeno en que se encuentran.
  • La crítica externa es uno de los peores temores a que las personas que les escuchan crean que son personas raras, incongruentes, poco interesantes o aburridas.
  • Por último, al tener todos estos pensamientos sobre sí mismos tienen un gran temor a que las personas les rechacen, les aíslen por tener una opinión negativa sobre ellos.

 

Si te ha pasado, te sentirás muy identificado y conocerás tu sintomatología al dedillo. Conocer aquello que nos ocurre es imprescindible para tomar cartas en el asunto y poder vivir estas situaciones de forma más relajada. Pero centrarse en la sintomatología sin más o tratar de evitarla no hará que el problema desaparezca.

Las metas en el camino serán aprender habilidades para hablar en público, probar progresivamente estas habilidades comunicando públicamente y por supuesto conocer perfectamente aquello de lo que vas a hablar.

Si quieres que para ti no suponga un suplicio hablar en público, ¡no dudes en ir a por ello y tratar de cambiarlo!

 

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Espejito, espejito ¿quién me querrá tanto como yo?

Carmen Espinosa Pintos No Comments

La autoestima es un concepto psicológico, que forma parte de un gran conjunto de términos que empleamos socialmente en nuestro día a día. Son muchas las situaciones en las que la autoestima está presente. La señora que le dice a una vecina, Esta semana no estoy bien, no tengo yo la autoestima como debería. El cliente que le dice al peluquero No, no me hagas un corte moderno, que no he tenido yo nunca mucha autoestima y eso de que me anden mirando no me gusta.

 

Pero ¿qué es la autoestima? Por definición es la diferencia entre lo que percibimos de nosotros mismos, cómo somos y el ideal que tenemos de nosotros mismos de lo que deberíamos ser.

 

Muchos pacientes preguntan de dónde proviene una baja autoestima. ¿Qué aspectos pueden haber influido para gestar el concepto que tenemos de nosotros mismos? Puede provenir de experiencias tempranas tanto en la familia como fuera de ella, que hayan marcado nuestro desarrollo. O de aspectos de nosotros mismos que consideramos que son inmutables, que no pueden cambiar. Son varios los factores que han podido afectar a la génesis de una baja autoestima. Pero lo fundamental es centrar nuestra atención en cómo cambiar esa forma de vernos a nosotros mismos.

Las personas fuertes son aquellas que son capaces de mostrar sus debilidades

Siempre que queremos lograr un cambio es fundamental saber hacia dónde nos dirigimos, cuál es nuestro objetivo. Vamos a ver cuáles son algunas de las características que suelen estar presentes en las personas con buena autoestima:

  • Se sienten bien consigo mismos. Pero no sólo con aquello que les gusta de ellos, sino también con lo que no les gusta y tratan de cambiar.
  • Trabajan y se esfuerzan por alcanzar aquello que quieren en su vida. No se apartan de su camino, mantienen el objetivo en mente y luchan hasta conseguirlo.
  • No les preocupa hablar de aspectos que no dominan como querrían o que no se les dan bien. Tampoco tienen ningún problema en aceptar sus errores cuando se equivocan.
  • Son personas creativas, abiertas a nuevas experiencias, a las que les gusta aprender cosas nuevas, conocer personas nuevas o descubrir nuevos lugares.
  • No le cuesta defender su punto de vista ante cualquier situación, argumentando a favor de aquello que opinan y consideran importante.
  • Son personas autosuficientes, que se valen por sí mismas ante la vida. Esto incluye pedir que les echen una mano cuando lo necesitan. Ya que las personas fuertes son aquéllas que son capaces de mostrar sus debilidades y sus necesidades.

 

Hablamos mucho de la autoestima y de querer tener una buena, ¿pero por qué tanta insistencia? Porque las personas con buena autoestima suelen tener menos emociones desagradables, agresivas y sufren menos depresión, que las que tienen una autoestima baja. Además, son capaces de tolerar mucho mejor el estrés.

 

Éstos son algunos de los motivos para preocuparnos por mejorar nuestra autoestima, ya que será una protección que nos acompañará siempre.

 

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Los prejuicios no nos dejan disfrutar la diversidad

Carmen Espinosa Pintos No Comments

En situaciones cotidianas surgen choques en nuestra cabeza, que nos hacen plantearnos nuestro modo de comportarnos como sociedad.

Viajando en el metro he visto una situación muy desagradable, pero frecuente. Una persona de las muchas que a diario caminan por los transportes de Madrid estaba pidiendo comida. Después de unas cuantas paradas, un par de personas le han mirado despectivamente y han chismorreado. Decían algo como que le den un trabajo y se levante pronto como yo y verás como no lo hace. A lo que un amigo de la persona que chismorreaba ha añadido, ‘Para qué lo va a hacer, si gana más aquí’.

Porque todos somos esa y esta gente, somos la gente

No concibo cómo las personas somos capaces de prejuzgar tan a la ligera, mirar a la persona que tenemos enfrente por encima del hombro y ponernos nosotros mismos la medalla de ‘Soy mejor que tú’. ¿Por qué hablaremos sin tener idea de las cosas o, lo que es peor aún, de las personas? ¿Es porque nos da tanto miedo la diferencia que la convertimos en defecto para calmarnos?

¿De verdad estamos tan seguros de que no podemos ser una sociedad mejor, que dé cabida a todas las personas? Creo que el primer error es considerar a una persona que me parece diferente, esa gente. Porque todos somos esa y esta gente, somos la gente. Entre todos compartimos diferencias y similitudes. La sociedad y la vida no tendría gracia sin ellas.

Por supuesto no sólo hablamos de la persona que viaja en el metro y la persona que pide allí. Hablamos de mujeres con vagina, agnósticas, personas negras, europeos, mayores, personas con discapacidad, cristianos, gitanas, hombres con vagina, africanos, universitarios, adolescentes, americanos, hombres con pene, asiáticas, personas que no saben leer, musulmanes, mujeres con pene, gitanos … y así hasta llegar a todas las personas que formamos parte de la sociedad.

Hace poco recordaba un corto de Pixar que viene muy al pelo de este tema. Se llama For the birds y en él se ven muy claramente cómo funcionan los prejuicios y las falsas impresiones. Nos da una lección sobre cómo no debemos actuar. Todos ganaríamos mucho más si en lugar de enjuiciar antes de tiempo, nos diéramos un tiempo para conocer a las personas.

 

¿Aún seguimos pensando que no podemos ser una sociedad mejor?

 

Éstas son algunas ideas relacionadas con los prejuicios y nuestra sociedad. Si al leer el artículo te ha surgido alguna duda o quieres contactar con una psicóloga en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

Beber los vientos por alguien. No sólo pasa en las películas

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Si al comienzo del artículo no te suenan las palabras dependencia emocional, piensa en las películas. En ellas es muy frecuente encontrar personajes que se desviven por su pareja. Pero como muy bien dice el título, no solo ocurre en las películas. A medida que vayas leyendo el artículo es muy probable que las ideas que en él aparecen empiecen a encajarte con alguna amiga, amigo o familiar, ya que este tipo de relaciones son más frecuentes de lo que creemos.

La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que tiene una persona hacia su pareja y en general hacia las parejas que tenga a lo largo de su vida. La diferencia entre el amor y la dependencia radica en que la persona que ama quiere a otra persona y el que depende, necesita al otro.

Se genera un círculo vicioso en el que la persona dependiente disminuye su posición y su autoestima y su pareja aumenta más su poder

Es muy frecuente que las personas que son dependientes emocionales hayan tenido pareja desde la adolescencia y si es posible tratarán de tener pareja siempre. Son personas que no comprenden su vida sin el otro. Hasta tal punto que le endiosan, consideran que es perfecto. Las consecuencias de este tipo de relación son muy visibles cuando se produce una ruptura, ya que la persona dependiente tratará de mantener la relación a cualquier precio y si no fuera posible, buscará otra persona que ocupe el vacío de la anterior pareja.

Mientras están en pareja las personas dependientes suelen tener una pasión excesiva por el otro. Son muy frecuentes los celos y la posesividad. Su late motiv es estar con la otra persona.

La palabra que mejor define este tipo de relaciones es el desequilibrio. Este tipo de vínculos son como una balanza en la que el dependiente siempre pierde peso en la relación y la persona de la que depende lo gana. Podemos ver esta descompensación afectiva en diferentes comportamientos. Es generalizado el sacrificio que hace la persona dependiente en sus aspectos individuales, en pro de los de la pareja. En situaciones de conflicto, la persona dependiente se echa a sí misma la culpa de lo ocurrido. Y apenas tiene vida social si no es con la otra persona.

Entonces, ¿por qué se perpetúan estas relaciones? En ellas se genera un círculo vicioso en el que la persona dependiente disminuye su posición y su autoestima y su pareja aumenta más su poder. Por lo que cada vez es más complicado abandonar estas dinámicas relacionales desiguales.

 

Éstas son algunas pinceladas sobre dependencia emocional. Si al leer el artículo te ha surgido alguna duda o quieres contactar con una psicóloga en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

‘Sobran las palabras, ya sabe que le quiero’

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Es habitual escuchar a personas decir que una relación es quererse; es decir, si salta la chispa y hay sentimientos entre dos personas es suficiente para tener una relación. Como muchas cosas, puede ser así al principio, pero si no cuidamos nuestras relaciones, nuestra casa o nuestro ocio estos acabarán debilitándose con el paso del tiempo.

Dar apoyo y comprender cómo se siente la otra persona es fundamental.

La vinculación afectiva juega un papel fundamental en la unión que hay en los miembros de una pareja. Es decir, cómo los dos miembros de la pareja se relacionan mediante sus afectos. Esto ya nos da una pista, no basta sólo con sentir amor por otra persona, con saber que quieres a otra persona. Es fundamental transmitirlo y que el otro miembro de la pareja también lo sepa.

Vamos a ver algunas maneras de cuidar los afectos:

  • Demuéstrale tu cariño. La primera forma de demostrar cariño en la que pensamos es la física (besos, abrazos, caricias…), pero hay más cosas que puedes hacer. Tener pequeños detalles que no se espera o tener presentes sus gustos y apetencias y tratar de satisfacerlas cuando sea posible.
  • Háblale sobre tus sentimientos. Como decíamos no sólo basta con sentirlos, sino que es fundamental explicárselos a la otra persona. Qué sientes, cómo te sientes, cuándo lo sientes… es vital.
  • Da soporte y apoya a tu pareja en lo que necesite. Esto no significa sobrepasar las libertades individuales e invadir su espacio tratando de ayudarle. Más bien es estar receptivo cuando tu pareja lo necesite y así te lo transmita y ayudarle en todo lo posible.
  • Recordad momentos buenos que habéis pasado juntos. Hablad de recuerdos sobre viajes, momentos, experiencias o conversaciones que habéis compartido y han sido agradables.
  • Decirle cuándo hace cosas que te gustan y felicitarle por sus logros. A todos nos gusta comprobar que hacemos las cosas bien y que las personas a las que queremos son conscientes de ello.

También debes saber que puede cometer errores y aprender de ellos. La empatía es fundamental en estas situaciones. En muchas ocasiones se traspasa la exigencia propia al otro miembro de la pareja, cuando cada uno debe mantener la suya. Dar apoyo y comprender cómo se siente la otra persona es fundamental.

 

Éstas son algunas actitudes que cuidan y fortalecen las relaciones de pareja. Si al leer el artículo te ha surgido alguna duda o quieres contactar con una psicóloga en Madrid u online, hazlo llamándome al 695306662 o enviándome un correo a contacto@psicologacarmenespinosa.com

 

 

Dormir como un bebé

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¿Porqué decimos la frase ‘dormir como un bebé’? Con ella nos referimos a dormir de manera placentera, que el sueño resulte reparador, sin sobresaltos… ¿Recuerdas cuándo dejaste de dormir así?

Pueden ser muchos los motivos que no nos permiten dormir:

  • Una vida estresante. Actualmente éste es un motivo muy generalizado, que suele alejarnos de tener un sueño reparador.
  • Mantener en nuestra cabeza preocupaciones, temas pendientes a los que se da vueltas tanto de día como de noche. Por lo que si se está pensando sobre ello, no se está durmiendo como se debería.
  • Los malos hábitos alimenticios también afectan a la cantidad y a la calidad de nuestro sueño. Desde el consumo de café, refrescos estimulantes, hasta la cantidad y el tipo de comida que tomamos. Aquí es aplicable el dicho Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo si queremos contribuir a nuestro descanso.
  • Los desfases horarios a veces impuestos por turnos rotativos en el trabajo, cuidar a personas dependientes o muchos otros motivos que nos hagan alterar los horarios, afectan notablemente a nuestro sueño. También encontramos estos desfases en rutinas autogestionadas, el típico patrón en el que cada día la persona se acuesta más tarde y por ello se levanta más tarde o altera diariamente las horas de sueño.

Encontramos nuevos avances que han colonizado nuestro dormitorio y perjudican nuestro descanso

  • Las condiciones ambientales. Si en el momento de dormir contamos con la temperatura adecuada, en una habitación sin ruidos y con la luz idónea, si la cama es confortable… Aunque se puede creer que no son tan influyentes las condiciones del entorno, son fundamentales para mejorar la calidad y cantidad de sueño.
  • Otro aspecto que puede influir en el sueño es la edad. No es cierto el mito que dice que las personas mayores necesiten dormir menos, sino que su capacidad para dormir del tirón es menor.

El mundo en el que vivimos está en permanente cambio. Hay progresos que han sido altamente beneficiosos para que nuestro sueño sea mejor. Actualmente se considera importante contar con unas condiciones en el dormitorio que nos permitan tener una zona de descanso lo más confortable posible.

También encontramos nuevos avances que han colonizado nuestro dormitorio y perjudican nuestro descanso. En el mundo tecnológico en el que vivimos meterse con el móvil, la tablet o el ordenador en la cama es muy frecuente. Este hábito es muy perjudicial, ya que su uso nos activa antes de irnos a dormir. Por ello es mucho más complicado conciliar el sueño. Si queremos apostar por hábitos que nos ayuden a descansar, éste será uno de los primeros a erradicar.

Estas son algunas reflexiones sobre porqué a veces dormimos bien y otras no somos capaces de hacer que algo, aparentemente tan sencillo, ocurra.

 

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Micromachismos

¿Los micromachismos tienen que ver con la violencia de género?

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No sólo están relacionados, sino que los micromachismos los encontramos en la base de la violencia de género. Son la representación más sutil de un modelo que desde hace muchos años rige nuestra sociedad. Por ello no debemos quitarle importancia, tildarlos de ‘bobadas’ o decir que son sutilezas o bromas que no van a ninguna parte. Son como las raíces más finas de un árbol, parecen insignificantes de una en una, pero todas ellas conforman lo que el árbol es y gracias a ellas el árbol se alimenta, sobrevive.

Gracias a iniciativas como el corto de Leticia Dolera A mí también, podemos ser más conscientes de la realidad que vivimos las mujeres día a día por ser mujeres. En este trabajo encontramos algunos de los micromachismos más representativos, tan generalizados que podríamos rebautizar como macromachismos por su gran presencia social. Uno de los más conocidos es la brecha salarial, las mujeres cobramos menos por el hecho de serlo o accedemos a puestos de menor responsabilidad.

Las mujeres que han decidido no tener hijos serán vistas socialmente como mujeres desnatadas.

Sin duda uno de los más generalizados y también por ello más normalizado es el aspecto físico. Nuestro aspecto se pone en la balanza para obtener una opinión global de nosotras, ya sea en el ámbito laboral o en general. Esto desemboca en que el aspecto físico tenga un gran peso en la opinión que tenemos de nosotras mismas. Otro de los micromachismos que vivimos es la invasión de nuestro espacio físico mediante susurros al oído de desconocidos, roces en el transporte público, miradas por llevar puesto un tipo de ropa o llevar más o menos cantidad de ella. Destacar uno más que existe entre otros muchos y es el de que la decisión de ser madre sea algo público. Se da por hecho que las mujeres tienen que ser madres. Aquéllas que no lo son será porque no pueden o las que han decidido no serlo serán vistas socialmente como mujeres desnatadas.

Todos ellos, de uno en uno, pueden ser mal etiquetados como ‘bobadas’, pero es fundamental conseguir verlos en conjunto: empatizar con cómo una mujer, sólo por el hecho de serlo, puede sentirse en un día normal. Así, entenderemos la inmensa telaraña que conforman estas microacciones y cómo fomentan la desigualdad social.

Esto no tiene que ser una lucha de bandos, porque no lo es. Con este modelo social las mujeres somos las más perjudicadas, pero no las únicas. Si poco a poco no se fueran cambiando comportamientos, los hombres no podrían hablar, exteriorizar o expresar emociones, mostrar fragilidad, sentir miedo, tener dudas, gustarles cosas de chicas, no ser conflictivos y muchas otras formas de actuar. Gracias a muchas personas que luchan día a día para que esto no ocurra, nuestra sociedad está cambiando. Según muchas personas afirman, esta diferenciación por sexo ya no ocurre y vivimos en una sociedad igualitaria. ¿Es realmente esto así? Si alguna vez has vivido o has presenciado alguno de estos comportamientos etiquetándolos como femeninos o masculinos sabes que vivimos en una sociedad aún sesgada por ello.

 

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